Existe una edad para todo. Pero, y el sexo ¿tiene una edad? Las diferentes etapas en las que se distribuye la vida de una persona van íntimamente ligadas a una serie de ciclos en las relaciones sexuales.
La niñez
Al cumplir los cinco años, los niños y niñas comienzan a experimentar una serie de sensaciones, se empiezan a atraer, quieren conocer qué es lo que les diferencia y ponen en práctica juegos inocentes con el fin de saciar esas inquietudes.
A partir de los seis años, y hasta alcanzar la pubertad, la sexualidad humana se caracteriza por la exploración, la simple inspección ocular, los tocamientos, los besos, las frotaciones…
Son sólo juegos eróticos necesarios para el desarrollo y mucho más comunes de lo que se pueda pensar. De bien pequeños se experimentan sensaciones con los órganos sexuales, aunque no siempre los padres dejan que los niños se extiendan en ese placer. Algunas veces esta represión vivida se traduce en angustia de algún tipo o incluso en determinados complejos sexuales en la etapa adulta.
La adolescencia
Es característico de la adolescencia la búsqueda del amor platónico, del amor soñado, inalcanzable con el que cada noche nos acostamos bajo la eterna complicidad de las sábanas.
La masturbación solitaria es probablemente la actividad sexual más difundida durante este período. A esta práctica sexual solitaria se le han atribuido a lo largo de la historia cantidad de males imaginarios, entre los cuales destacan: la pérdida de vista, la parálisis, y montón más de creencias inciertas.
Tanto el cambio brusco que sufre el cuerpo para adaptarse a la reproducción, como el mantenimiento de la apariencia infantil, a veces producen rechazos y problemas de identidad.
Durante esta etapa de la vida se experimentan los primeros abrazos y besos con la boca abierta, la estimulación del seno femenino, primero sobre la ropa y luego debajo de ella, tocamientos genitales, coito y en algunos casos, actividad bucogenital. Finalmente se llegará a la culminación del acto sexual pleno.
La madurez
Surgen algunos inconvenientes como son las dificultades económicas, las relaciones laborales conflictivas, el cansancio acumulado durante la jornada. Este tipo de hechos inciden directamente en las relaciones sexuales. El hombre necesitará entonces una mayor estimulación genital, mientras que la mujer deseará continuar con las caricias una vez que el acto sexual ha concluido.
Las fantasías sexuales son una buena solución a este tipo de problemas. Consumar una fantasía con su pareja, le permitirá ver el sexo desde otro punto de vista y aprenderá a disfrutar con sus relaciones tanto o más que el primer día.
El feliz momento del embarazo también altera los mecanismos del deseo. Durante el primer trimestre de gestación, el 40% de las mujeres embarazadas no quieren mantener relaciones sexuales, bien porque temen hacer daño al feto, o bien porque su estado físico no es bueno. Disminuye el deseo, provocando que el hombre a menudo se sienta desplazado.
La tercera edad
Es cierto que los ancianos son menos activos sexualmente, algo que está motivado por el deterioro de la salud física, pero esto no implica que hayan perdido su interés sexual. Por lo general, la ausencia de problemas derivados con el trabajo, el estrés…hace que las relaciones sexuales sean muy satisfactorias.
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